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¡Farsa total! Movimiento Ciudadano vende la democracia y se arrodilla ante Morena

Abr 9, 2026

Con votos decisivos, MC consolida el Plan B y exhibe su papel como falsa oposición

La escena fue demoledora y dejó una lección política imposible de maquillar. Con 377 votos a favor, 102 en contra y cero abstenciones, los diputados avalaron en lo general la reforma electoral que modifica los artículos 115 y 116 y adiciona un párrafo al 134 constitucional. En esa mayoría que aplastó la resistencia opositora, Movimiento Ciudadano volvió a prestar sus votos y a dejar claro que su pleito con Morena muchas veces no pasa de la simulación.

Detrás del dictamen se esconde una discusión de enorme calado sobre el futuro del sistema electoral. No se trata de cualquier reforma, sino de un nuevo movimiento para alterar las reglas del juego político, meter mano en aspectos sensibles del modelo electoral y debilitar el entramado institucional que durante años sirvió como contrapeso frente al poder presidencial. Por eso el voto no era menor, y por eso la traición naranja pesa tanto.

Movimiento Ciudadano pudo haberse colocado del lado de quienes advertían el riesgo, pudo marcar distancia, pudo asumir un costo político en defensa de la institucionalidad. Pero decidió lo contrario. Eligió alinearse con Morena y sumarse a una mayoría que no solo presume músculo legislativo, sino que busca normalizar la idea de que ya no hace falta una oposición firme porque hasta sus críticos terminan cayendo rendidos ante el poder.

La gravedad del episodio no está únicamente en el resultado de la votación, sino en el mensaje que envía. MC vuelve a confirmar que su modelo de hacer política consiste en disfrazarse de alternativa mientras en las decisiones de fondo termina sosteniendo al oficialismo. Es la vieja historia de siempre, solo que con nuevo empaque: mucho color, mucha mercadotecnia, mucho discurso juvenil, pero a la hora clave, obediencia y oportunismo.

Por eso esta votación no retrata solo una reforma electoral; retrata una farsa completa. Morena no camina solo: tiene enfrente a una oposición debilitada, dividida y, en el caso de Movimiento Ciudadano, dispuesta a servir de escalón cuando conviene. La máscara ya se cayó. Lo que queda no es un partido valiente ni autónomo, sino un grupo de esquiroles que prefirió el cálculo político antes que la defensa de la democracia.